Demonios en el fuego

En lo profundo del sonido nocturno, en el crepitar de las llamas…

Allí, en ese lugar, tumbado en el suelo, me topé con los pensamientos…

Solo la madera crujía y las lenguas de fuego caldeaban mi mente.

Se sembraban ideas que se desvanecían en suspiros y duraban lo que dura la imagen de los demonios en el fuego, solo un instante.

No los pensaba, ni llegaba a sostenerlos por un lapso largo de tiempo, los dejaba pasar, nada me importaba, no era el momento, no era el lugar.

En las llamas solo rostros de los demonios internos que tratan de atarnos a cosas intangibles que solo nos hacen sufrir…

Rostros intolerantes, presurosos, ávidos de dolor y sentimientos oxidantes del alma.

Los miraba, solo eso, los veía desesperarse por rasgarme, por aproximarme una braza a la piel.

Se precipitaban con intención de infligirme un instante de miedo o de pavor.

Yo solo los miraba…

Aparecían constantes y se desvanecían.

Yo solo los miraba…

Ellos trajeron aliados, grandes y pequeños demonios de las sombras, que nunca cumplen su cometido.

Danzando detrás de mi, en las paredes, tras los muebles, en los rincones.

Yo solo los miraba…

Por momentos les veía una desesperada expresión, casi como preocupados.

Yo solo los miraba…

Trajeron incluso un par de veces, fantasmas de humo, que intentaban asustar con intentos de proximidad.

Yo solo los miraba…

De pronto, cansados de todo, se aplacaron, dejaron de rugir e intentar.

Se calmaron y volvieron a danzar calmos entre las maderas.

Otros se abrazaron a los carbones, teniéndolos de un rojo hermoso, que iluminaba la leña con una luz cálida.

Y yo solo les sonreí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *